Dulce caballero de luz incansable,
navegante a la deriva de los bares.
Vaquero que timonea a sus reses
entre cañones, a contracorriente.
Amor perenne de juventud afable,
navegando con su chata por los mares,
dejó su barco anclado en los cipreses,
para sembrar el huerto de su vientre.
Nómada en esta vida maldita,
buscavidas y feriante callejero.
Al final se hizo cateto, porque sí.
Amante del pan con pringaita,
del buen vino, las coles y el puchero.
Así como és le queremos, porque sí.
1 comentarios:
Me has dejao sin palabras... Impresionante!
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